¿Por qué perdemos el deseo sexual y cómo recuperarlo?

Deseo sexual

A veces, no hay problemas de pareja y tu cuerpo funciona a las mil maravillas pero cuando se trata de mantener relaciones íntimas, hay algo que no termina de encenderse. La inapetencia o pérdida del deseo sexual es un problema bastante habitual que, de no tratarse adecuadamente, puede conducir al deterioro de la relación, y llegar a la frustración y la angustia. 

Tranquilidad ante todo

La falta de deseo sexual es uno de los problemas sexuales más comunes, especialmente en mujeres, así que si sientes que tienes “menos ganas”, no eres un bicho raro.

sin embargo son escasas las personas que acuden a consulta para buscar solución a esta inapetencia.

Según la psicología, el deseo sexual inhibido, se define como el bajo nivel de interés sexual, que se manifiesta en la dificultad para iniciar o responder al deseo de actividad sexual en la pareja.  Puede ser de dos tipos:

  1. Primario: cuando la persona nunca ha tenido mucho interés sexual.
  2. Secundario: cuando la persona sí lo tenía anteriormente pero en un momento o etapa de su vida determinada disminuye o lo pierde.

Se tiende a pensar de que la solución no está en manos de la persona o que simplemente hay que dejar pasar el tiempo para que el deseo sexual vuelva y pasa el tiempo y la situación no mejora. Pocas personas buscan ayuda en un sexólogo o terapeuta.  La realidad es que dejar pasar el tiempo o no aceptar el problema, puede provocar la desaparición total de las relaciones sexuales y es una pena, cuando es algo que se puede mejorar.

Lo primero, tranquilidad, lo segundo aceptación y lo tercero, busca ayuda e información para poder mejorar tu deseo sexual y disfrutar de tu sexualidad.

La apetencia sexual y la edad

A pesar de que se suele decir que no existe una etapa precisa de la vida para disfrutar del mejor sexo, lo cierto es que tanto el apetito sexual como la calidad de los encuentros eróticos sí que están estrechamente ligados a factores de edad. En este sentido, el deseo sexual, el placer, el juego y la diversión no desaparecen conforme ganamos años, pero sí que se adaptan a los diferentes períodos de nuestra vida.

Una de las causas más comunes a la hora de explicar la pérdida de libido es el hecho de que muchas parejas estables pretenden reproducir patrones de otros momentos más activos de su vida como la adolescencia o los primeros años de relación. Sería engañoso decir que el deseo es el mismo a los 18 que a los 50, pero ello no implica que el sexo sea peor ni mucho menos más aburrido.

Deseo sexual y edad

La sexualidad debe ir adaptándose a cada etapa de la vida, de acuerdo a las necesidades de cada momento y alejándose de todos esos condicionantes sociales que parecen imponer un calendario sobre el cómo y el cuánto se debe practicar sexo. Los cambios hormonales, físicos y psicológicos modifican de manera sustancial esas necesidades así que la clave de una sexualidad saludable a lo largo de toda la vida está en saber canalizar esa evolución para que el deseo no decaiga.

¿De qué depende el nivel de deseo sexual que experimentamos?

El deseo sexual es el resultado de una combinación de factores a nivel físico y emocional. Un proceso complejo en el que se implican factores cerebrales, sensoriales e instintivos y que, por lo tanto, resulta muy subjetivo.

El apetito sexual (o la ausencia de éste), está asociado a la motivación, una estrecha relación entre estímulos y respuestas que tiene mucho que ver con la memoria y la experiencia previa. Por este motivo, cuanto más activo te mantienes sexualmente, más predisposición existe a seguir practicando sexo. Tu cerebro recuerda aquello que le ha resultado tan placentero y tu cuerpo se prepara para seguir experimentando.

Esos estímulos eróticos que se apoyan en el recuerdo pueden dispararse con una imagen, un olor, un sonido… Así, el atractivo sexual de una persona o el rechazo ante una determinada imagen pueden ser la llave que abra o cierre la puerta de nuestra libido.

Cuando se produce un distanciamiento entre la parte motivacional, emocional y física, la libido tiende a descender. Esta circunstancia puede ser la consecuencia de un desencuentro amoroso, una infidelidad, la pérdida de confianza, el estrés o la rutina. Por eso, las terapias orientadas a recuperar la “chispa” de la relación no son siempre iguales: hay que llegar al origen de la situación y actuar sobre éste.

La inapetencia es un problema que tiene solución

Ahora que ya sabes que no siempre tienes por qué estar a mil y entiendes los motivos que explican estos cambios, es importante hacérselo saber a tu pareja. Practicar sexo sin verdadera entrega, con la mente en otro lado y con más ganas de acabar que de disfrutar del momento no es nada saludable para tu relación. Si estás pasando por uno de esos momentos en los que la actividad sexual no termina de encontrar su espacio entre tus rutinas habituales, es importante que lo hables con tu pareja.

En estos casos la comunicación resulta fundamental. El simple hecho de tomarte tu tiempo para compartir con tu pareja las características de esta circunstancia ayudará a normalizar la situación y a abordarla sin presiones, sin agobios y sin exigencias por ninguna de las dos partes implicadas. Sobre todo, evita los juicios. La disminución de deseo sexual no tiene por qué estar asociada a la falta de afecto, el desgaste de la relación o la pérdida de confianza. No se puede generalizar y hablar de pérdida de libido desde la perspectiva del rechazo. Por eso es tan importante que tu pareja te ayude a entender y valorar el motivo de este aparente desinterés por el sexo.

Deseo sexual y comunicación

Consejos útiles para recuperar el deseo sexual

Los tratamientos para la recuperación de la libido están siempre basados en una reorientación de nuestros intereses, motivaciones y expectativas. Tanto si se trata de una cuestión física (por ejemplo, los efectos secundarios de algún tipo de medicación) como si es un tema emocional el que está en el origen del problema, la solución pasa por adoptar una nueva perspectiva de la situación.

El origen del problema va a determinar el modo de solucionarlo, pero de manera general existen algunos puntos en común en todos los tratamientos. Estos recursos te ayudarán a trabajar el deseo sexual a través de estímulos internos y externos:

1. Vuelve a los juegos de pareja. Introducir accesorios eróticos en tus relaciones íntimas, plantear roles, utilizar disfraces… Basta con ser un poco imaginativo, salir de la zona conocida y explorar nuevas formas de placer. ¿Te atreves?

2. Conócete en solitario. La masturbación como terapia también resulta muy efectiva. Aprende a conocer tu cuerpo y los lugares en los que se esconde el placer. Comparte con tu pareja esos secretos y deja que te sorprenda con nuevas formas de satisfacerte.

3. Relájate. Las técnicas de meditación y respiración suelen ser muy efectivas. El estrés siempre juega en tu contra cuando se trata de elevar el deseo erótico y disfrutar más intensamente de tus encuentros sexuales.

4. Improvisa. Cuando la sexualidad se limita a un momento y a un lugar cae en la trampa de convertirse en algo aburrido y rutinario. Déjate llevar, tira del hilo y averigua hasta dónde pueden conducirte los juegos y caricias más inocentes.

 

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