Polígrafo sexual: verdades como la copa de un pene

Polígrafo del amor

Ha llegado la hora de la verdad. El momento de sentar en el banquillo esos mitos que se han creado en torno al sexo y determinar si son ciertos o no. ¿Cuáles crees que serán los resultados de este polígrafo sexual?

Sobre mitos y realidades en el sexo se podría hablar largo y tendido durante numerosos posts. Pero para no aburrirte demasiado he sentado en el banquillo de los acusados a cinco de las afirmaciones incuestionables que siempre me han resultado más curiosas. Eso sí, cada sentencia está acompañada de su correspondiente justificación.

 

5 misterios resueltos con el polígrafo sexual

 

1. Los abueletes también practican sexo: VERDAD

La vida sexual no es algo que se acabe así de golpe, como los realities de Antena 3. No hay una edad concreta en la que se diga “Aprovéchate porque es el último kiki que pienso echar”. La atracción y el deseo sexual es algo que se mantiene durante toda la vida. Lo que cambia es la prioridad que se le da y la motivación que se tiene.

También durante la tercera edad se puede disfrutar de una sexualidad plena. De hecho está demostrado que los abueletes que se mantienen en activo durante más tiempo son más felices. Pero claro, esto no siempre es compatible con las prótesis de cadera, las pastillas para la tensión y los problemas de erección.

2. Las mujeres pueden eyacular: EN CIERTO MODO

Sobre este tema existe todavía bastante controversia. Desde luego no es el chorrazo a presión que aparece en las películas porno. ¡Ni que las mujeres fueran un sistema de riego por aspersión! Pero tampoco es del todo incierto. Algunas mujeres, especialmente las que habitualmente trabajan la musculatura pubocoxígea (zona pélvica), son capaces de segregar un líquido a través de las glándulas de Skene que no siempre acompaña al orgasmo sino que puede aparecer en cualquier momento de máxima excitación durante el acto sexual.

Lo curioso del tema es que muchas mujeres capaces de ‘eyacular’ tienen la sensación de que en ese momento se van a orinar por lo que, en lugar de disfrutar plenamente de este momento lo que hacen es inhibir el orgasmo para evitar esta situación.

Ostras3. Las ostras son afrodisíacas: MENTIRA

Por mucho que te gastes un dineral en una cena a base de ostras, difícilmente vas a conseguir que tu noche sea especialmente caliente. El poder afrodisíaco de los alimentos es bastante más limitado de lo que imaginas. Vamos, que a menos que utilices la expresión de comer ostras con un doble sentido, este no es un plato precisamente afrodisíaco.

Sin embargo, se trata de una creencia tan extendida que en ocasiones el efecto placebo provoca algunos repuntes de erotismo. Al fin y al cabo esto del sexo tiene mucho que ver con la predisposición de cada individuo.

4. Las mujeres tienen menos interés por el sexo: MENTIRA

No es una cuestión de interés sino de interpretación. A los hombres y a las mujeres les gusta el sexo por igual y los dos tienen las mismas necesidades físicas. Durante muchas décadas se ha mantenido la falsa creencia de que el hombre es más polígamo porque en su instinto está el de asegurar la descendencia, mientras que la mujer y la monogamia son dos aspectos relacionados por la cuestión de que son ellas las que crían a los niños.

No hace falta indagar mucho en el asunto para comprobar que esto del instinto tiene más de sexista que de científico. El ‘problema’ real (si se quiere denominar así) es que la libido femenina está más reñida a aspectos de tipo hormonal y psicológico que no afectan de igual manera al sexo masculino. Pero que nadie se confundan: ¡ganas no nos faltan!

5. El Punto G existe: VERDAD

Muchas mujeres aseguran que sí, que realmente sienten algo esa zona de la vagina que coincide con la parte posterior del clítoris. Y aunque científicamente no existe ninguna prueba que lo corrobore, parece ser que sí existe una zona en la que el 90% de las mujeres que se someten a este tipo de estudios aseguran sentir mayor placer.

Ese territorio tan particular de la anatomía femenina fue descubierto por el doctor alemán Ernst Gräfenberg y bautizado con el nombre de Punto G por la sexóloga Beverly Whipple en honor a su descubridor.

 

Y con esto ya podemos dar el caso por cerrado.

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