Paleosexo: decálogo del amor primitivo

Paleosexo

Ya te habrás dado cuenta de que todo lo paleo está de moda. En mi calle abrieron hace unos meses un paleogimnasio. Uno de esos sitios en los que la gente paga un dineral por levantar troncos y colgarse de lianas. Llevo tiempo analizando esta filosofía de vida para escribir este manual sobre paleosexo (¡totalmente gratuito!)

Todo empezó cuando un amigo me comentó que se había pasado a la paleodieta. “¿Paletodieta?” “Noooo. Paleodieta. Ya sabes, del Paleolítico. La dieta del hombre primitivo, vamos”. Lo primero que pensé es que a mi amigo le habían dado una pedrada (ya sabes, paleopedrada), pero siempre he sido una chica muy curiosa, así que le di una oportunidad al asunto.

Paleopaseo

En primer lugar, me costó encontrar un momento en la historia de la Humanidad en el que encajar a ese hombre primitivo al que se refería mi amigo. No es que piense que los hombres de hoy en día siguen siendo primitivos (sólo un poquito, a veces) pero es que el término en sí era bastante ambiguo. Tan ambiguo como que su presencia abarca un período de unos 10.000 años.

Mi amigo es de ese tipo de personas que cuando algo se le mete en la cabeza pretende contagiar a todos con sus ideas. Que si así vivía el hombre primitivo, que si así comía el hombre primitivo, que si así cazaba el hombre primitivo “¿Y cómo follaba el hombre primitivo?” Mi amigo no tenía ni idea pero en base a toda la información que me obligó a digerir acerca de su paleodieta se me ocurrió crear una guía de paleosexo para los adeptos a esta filosofía. Su base científica es tan rigurosa como eso de que hay que hacer la digestión durante al menos dos horas (entre hora y media y tres horas, según el criterio de cada madre) antes de darse un chapuzón.

Los 10 principios básicos del paleosexo

1. Salta, arrástrate, trepa

Se trata de un sexo muy activo. La postura del Misionero, aunque ya de por sí huele a naftalina, es demasiado moderna (como del Medievo o así). Haz un esfuerzo y retrocede unos cuantos miles de años más. Imagínate a esa gente cubierta con pieles de leopardo, a lo King África de compras con Rappel (bueno, no uses tanto la imaginación que igual se te corta un poco el royo). ¡Ponte en movimiento!

2. Tócate como un mandril (o una monita)

¿Esta noche no tienes compañía? No importa. Tienes toda la cueva para ti y tus fantasías. Inspírate en los bisontes que pintó tu cuñado en la pared e imagínate un encuentro sexual de lo más bestia.

3. Folla todo lo que puedas

Dice mi amigo que apenas come dos veces al día pero que cuando lo hace se pone kiko. Y es que el hombre primitivo no sabía cuando iba a volver a comer mamut, así que cuando cazaba se lo zampaba de una sentada. En el paleosexo pasa igual: si no tienes la certeza de que vas a volver a pillar cacho pronto, ¡ponte hasta las cejas de sexo!

4. No te depiles

En este sentido el paleosexo es súper práctico. Deja que te crezca el vello de manera natural y salvaje. Por otro lado, la pelambrera te hará falta, especialmente en el invierno.

5. No uses terminología dulce

La paleodieta prohíbe cualquier tipo de azúcares aunque de manera puntual puedes tomar miel o sirope de arce (que es eso que toman los americanos en las cafeterías de las películas de detectives). En paleosexo puedes utilizar estos alimentos como sustitutoa de los lubricantes de chocolate, vainilla, fresa… (¿no se te hace la boca agua?)

6. Prohibido mojar el churro

Si los azúcares no los vas ni a oler, tanto o más de lo mismo pasa con las harinas y lo hidratos de carbono en general. El hombre primitivo jamás mojó el churro. Si acaso, “sopló la cañita”, “peinó la nutria” o “clavó el hueso”.

7. Folla en ayunas

Cuando el cuerpo está falto de alimento, los sentidos están más alerta. Mi conclusión es que el hombre primitivo, si se le presentaba la ocasión, prefería hacerlo por la mañana bien tempranito. Por un lado, porque disfrutaba más (por el tema este de los sentidos…). Por otro, porque así ya se lo quitaba de encima y tenía el resto del día para dedicarse a otros menesteres (como lanzar piedras en el río con tres o cuatro colegas).

8. Cazador – recolector

No le hagas ascos a nada. Sal siempre a por la presa más grande, la que te resulte más apetitosa. Pero si no tienes ni la más mínima opción de tener sexo con quien te gustaría, no te cortes a la hora de recolectar lo que otros miembros del clan hayan ido dejando por ahí.

9. Todo es susceptible de pasar por la piedra

Siguiendo la línea del punto anterior, hago hincapié. Después de una noche de cacería poco fructífera, es mejor volverse a casa con una zarigüeya que quedarse con las ganas de haber pillado al morlaco.

10. No te lo tomes todo tan en serio

Ni una dieta de moda ni un manual inventado para la práctica de paleosexo. Seguro que el hombre primitivo más feliz era aquel que se tomaba la vida con humor. Al fin y al cabo, ¿qué crees que pensarán de nosotros dentro de otros cuantos cientos de miles de años?

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