Mi amigo gay y el amante emplumado

Tengo un amigo gay que de vez en cuando me cuenta historias surrealistas.

Su última gran aventura sexual es la del amante emplumado. Pero como es probable que te cuente más historias de este amigo, lo mejor es que primero haga las presentaciones oficiales.

En un lugar al sur de Gran Canaria…

Mi amigo es de Gran Canaria, concretamente del sur, una zona famosa por el ambiente gay. Para mantener su anonimato pongamos que se llama Ricardo.

Ricard tiene un novio desde hace muchos años, pero es una de esas relaciones abiertas en las que los dos son libres de tirarse a quien sea.

PlumasEl novio de Ricardo (pongamos que se llama Aníbal) trabaja en el sitio más gay de todo el sur de Gran Canaria, un bar es un conocido centro comercial en el que hay cuartos oscuros, las chicas tienen la entrada vetada y los camareros van semidesnudos. Aunque Ricardo no es muy de salir de fiesta, de vez en cuando se para por el bar de su novio para saludar, tomar algo y, si le cuadra, liarse con alguno.

La dicha que tiene el gallo

Poco después de los Carnavales, en una de esas tantas noches un tanto locas, Ricardo fue a ver a su novio y éste lo animó a que se liara con un tío (ya madurito) que llevaba un rato intentando cazar a alguien con el que desahogarse. A mí estas modernidades de mi amigo y su novio siempre me han llamado mucho la atención, pero al final acabas acostumbrándote.

Así que allí estaba mi amigo gay, su amante y el cuarto oscuro de este popular garito. Ricardo no es muy de preliminares y mucho menos en cuartos oscuros porque en su opinión son dos cosas totalmente incompatibles “Como Mariah Carey y los hidratos de carbono” (sic). Así que en cuanto entraron en el cuarto oscuro se pusieron manos a la obra.

Después de un rato recibiendo las embestidas de su maromo, Ricardo empezó a notar un cosquilleo por la espalda. “Será que me está haciendo unas caricias”, pensó en un primer momento, pero la cosa cambió cuando el cosquilleo vino acompañado de unos extraños ruiditos…

‘¿Pero qué haces, maricón?’

Cuando Ricardo giró la cabeza para comprobar qué es lo que estaba pasando se encontró con algo que le cortó todo el rollo: su amante llevaba puesta una especie de creta de plumas y mientras lo penetraba no dejaba de repetir extasiado “Ki kiri kiiiii. Ki kiri kiiiii”.Cuarto_Oscuro

“¿Pero qué haces, maricón?”, fue todo lo que dijo Ricardo antes de terminar de vestirse y salir malhumorado de la habitación.

Con la de experiencias salvajes que me ha contado, la verdad es que no entiendo muy bien por qué este tema de las plumas lo escandalizó tanto. “Pues tía, que a mí no me gustan estas cosas raras…”, fue toda la explicación que dio como respuesta.

Al parecer, tampoco a Aníbal le van estas historias porque en cuanto Ricardo se lo contó entró en el cuarto oscuro a ajustarle las cuentas al amante emplumado. “¿Pero tú de qué coño vas?”, y plaf, bofetón de Aníbal. “Lo siento tío… Joder, es que me pone el rollo del gallo y pensé que a él también le estaba gustando” Y plaf, segunda bofetada de Aníbal.

– De verdad, Ricardo, te pasan unas cosas más raras… -se me ocurre decirle a mi amigo.

– Pues sí, Celeste. No te imaginas la cantidad de tarados que hay sueltos por ahí. Imagínate, este tío lleva siempre una cresta de plumas encima. Yo es que flipo con la gente…

– Y bueno, después de las bofetadas, ¿qué pasó? ¿Cómo quedo la cosa con el amante emplumado?

– Ah, pues nada: al final nos lo follamos Aníbal y yo.

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