Ingles hawaianas: ¿estética íntima o tortura medieval?

Uno de los grandes hitos de mi evolución en cuestiones de estética íntima se produjo el fatídico día que me dio por hacerme las ingles hawaianas.

Da igual que los chicos no sepan ni el color de los calzoncillos que llevan puestos o que los lleven con el elástico tan cedido que se les salga un huevecillo por el lado (cosa que es bastante graciosa). El caso es que las chicas nos preocupamos muchísimo más por nuestra estética íntima.

Para empezar, al llegar a la pubertad nuestras madres nos inculcan el famoso “No te pongas esas bragas tan viejas si vas a salir de casa, que luego tienes un accidente y mira las bragas que vas a enseñar…”. Es decir, hay momentos en los que el aspecto de tu ropa interior se antepone incluso al daño físico. Por otro lado, porque hemos desarrollado una extraña manía de acabar con el pelo cuando crece en un sitio que no sea la cabeza.

Cuando te das cuenta de que en Juego de Tronos van mejor depiladas que tú

Tengo un amigo que se propuso perder 20 kilos (y lo consiguió) al descubrir que pesaba lo miso que Santiago Segura cuando estaba de buen año. Algo parecido me sucedió con un capítulo de Juego de Tronos en el que un desnudo integral de una de las protagonistas me hizo replantearme mi estética íntima. ¿Cómo una tía de épocas remotas iba a tener menos pelo que yo ahí abajo?Juego de Tronos

Los seres humanos a veces somos tan ingenuos que nos creemos que por llevar la entrepierna depilada como una actriz guapísima, de alguna manera vamos a adquirir parte de esa belleza por obra y gracia de la silk-èpile. A lo mejor si me hubiera parado a pensar un rato en lo absurdo de esta asociación de ideas me hubiera ahorrado un mal rato, pero también es cierto que me hubiera perdido uno de esos momentazos históricos y la oportunidad de compartirlo con vosotros.

El caso es que me dio por cambiar la apariencia de mi entrepierna, ya de por sí bien arregladita, no en plan exagerado como las cejas de Cristiano Ronaldo pero tampoco un rollo barba de Pau Gasol. La esteticién lo tuvo claro desde el principio: “Las ingles hawaianas se llevan mucho”. Yo en la vida había oído hablar de ingles hawaianas, pero si lo de las ingles brasileñas ya suena exótico (aunque demasiado atrevido para lo que tenía previsto), esto tenía que ser la bomba. Así que caí en el gran error que nunca se debe cometer cuando se va a una peluquería o a un centro de depilación: me dejé hacer.

Lo que no te cuentan de las ingles hawaianas

hawaianaEn una ocasión estuve bastante enfermita y tuvieron que inyectarme penicilina. Sentí aquel pinchazo como si me estuviera entrando en el cuerpo un hilo de diminutos cristalitos. Una sensación desagradable y dolorosa que por lo menos hizo que en unos días me sintiera mucho mejor.

Nada que ver con las ingles hawaianas y el dolor gratuito de aquella sesión de depilación. Ésta es la parte que no te cuentan en los centros de estética nacionales: que las hawaianas son mujeres más duras que Chuck Norris porque esto es una auténtica tortura… La cosa consistía en depilarlo absolutamente todo (sufrimiento de mujer brasileña) y dejar un trocito de vello púbico como de un centímetro de ancho ahí, en el centro del chichi, desangelado.

Cuando después de todo el sufrimiento (de verdad, quería llorar, pero saqué fuerzas hawaianas) y de que la chica me hubiera dejado desollada como a un pavo de Navidad, todavía se atrevió a preguntar: “¿Te hago el ojete?”. Y si la pregunta ya de por sí tiene guasa (especialmente fuera de contexto), mi respuesta remató la jugada: “No, no, no… El culo ni me lo toques”:

Regresé a casa malherida, sin parecerme ni un ápice a la actriz de Juego de Tronos y con una especie de anchoa entre las piernas que parecía de coña. Jamás volví a aquella sanguinaria esteticién ni presté demasiada atención a los desnudos de mis series favoritas. Ahora sólo me fijo en los peinados. Es mucho menos doloroso.

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