Huelga de sexo: piernas cruzadas contra la injusticia  

Huelga de sexo

Entre algunas de las formas más convincentes de detener una injusticia de manera pacífica está la huelga de sexo. Un recurso con miles de años de antigüedad que se sigue utilizando actualmente en muchos rincones del mundo para reclamar derechos y remover conciencias.

Lisístrata y la primera huelga de sexo de la historia

La idea de detener a un ejército con la fuerza del sexo no es algo realmente nuevo. Ya desde la Antigua Grecia este supuesto se viene barajando como una posibilidad, y es que eso de estar a palo seco se ve que es algo que históricamente no llevamos bien.

Allá por el siglo V a. de C., Esparta y Atenas estaban inmersas en la denominada Guerra del Peloponeso, un conflicto bélico de esos que se hacen más largos que un programa televisivo de Sánchez Dragó. A todo esto, los hombres siempre fuera de casa, con sus batallitas. Y venga a darse mamporros. Que claro, cuando volvían a casa (si es que volvían) o estaban hechos una piltrafa y no servían ni para hacer chopped o venían con unas ansias de sexo que dejaban a sus mujeres más agotadas que ni después de una sesión intensiva del ‘Método Osmín’.

En este panorama al dramaturgo griego Aristófanes se le ocurre escribir una obra en clave de humor, Lisístrata (un nombre que literalmente se traduce como ‘la que disuelve los ejércitos’) en la que las protagonistas hacen un juramento de ‘piernas cruzadas’ y se proponen no mantener ninguna relación sexual con su marido o amante hasta que la guerra haya concluido. Aunque Aristófanes lo plantee únicamente como una hipótesis, podría considerarse Lisístrata como la primera huelga de sexo de la historia. Desde luego, la idea sentó las bases de otras huelgas posteriores.

Lisistrata

Mujeres unidas contra la injusticia

A partir de este supuesto, la huelga de sexo se convirtió en una táctica efectiva para que la mujer lograra algunos triunfos y conquistara numerosos derechos a lo largo de la historia. Mirándolo bien resulta un poco triste que haya tenido que recurrir a algo tan primario como cruzarse de piernas para que el hombre haya atendido a sus demandas, pero en esta ocasión no entraremos a debatir estas cuestiones.

Hoy únicamente vamos a citar algunos ejemplos curiosos de las victorias alcanzadas con estas huelgas de sexo:

  • En el siglo XVII las mujeres iroquesas (nativas de América del Norte), consiguieron el poder de veto en su comunidad para todas las guerras futuras poniéndose en huelga de sexo.
  • En 2006, en la ciudad colombiana de Periera, las mujeres, en colaboración con el Gobierno local, lograron que las bandas callejeras entregaran las armas con un argumento muy convincente: se negaron a tener sexo con sus parejas (miembros de estas bandas) hasta que acabara la violencia.
  • Las huelgas de sexo también han servido para conquistar derechos y obtener recursos básicos. Por ejemplo, las mujeres turcas de Sirktoy tuvieron a sus maridos a pan y agua en 2001 hasta que se dignaran a construir un sistema de tuberías que les permitiera disponer de agua corriente en sus hogares, en lugar de tener que ir a buscarla al río. Y en el municipio de Barbacoas, en Colombia, gracias a este método se obtuvo la asistencia sanitaria necesaria para toda la comunidad.
  • Pero sin duda uno de los casos más sonados es el que tuvo lugar en 2002 en Liberia. Allí la activista Leymah Gbowee creó el grupo Women of Liberia Mass Action for Peace, en el que mujeres musulmanas y cristianas asumieron el compromiso de una huelga de sexo para que sus maridos pusieran punto final a la guerra civil que asolaba el país desde 1989. Un año después el conflicto acabó. Por ésta y otras muchas acciones destacables en favor de la paz y los derechos humanos a lo largo de su vida,  Leymah recibió el Premio Nobel de la Paz en 2011.
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