Ganador III Certamen Relatos Eróticos de Diversual

¿Estáis listos para conocer al ganador? Lo bueno se hace esperar, pero al fin tenemos la historia ganadora de este III Certamen de Relatos Eróticos de Diversual. Un texto muy evocador que también puede inspirar tus fantasías.

Pero no solo tenemos esta noticia, sino que debido a la gran cantidad de relatos que hemos recibido y a la calidad de los mismos, ¡hemos decidido dar un segundo y tercer premio!

Sabíamos que esta nueva convocatoria os iba a encantar, ¡pero no esperábamos tener tanto éxito! ¡Habéis participado más de 60 participantes!

Por eso, antes de dar a conocer los relatos ganadores, queríamos agradeceros a todos vuestra participación en el certamen. Ya sabéis que, en cierto modo, todos habéis resultado premiados: sólo por participar enviando vuestro relato, ya os habéis beneficiado de un descuento del 15 % en vuestra próxima compra.

Nuestro equipo de jueces de lujo que teníamos en esta ocasión, Rafa Olivares y José Luis Simón, han tenido que esforzarse mucho en valorar la originalidad y estilo literario de todas las candidaturas.

Aunque todas las historias presentadas serían dignas del guion de una secuela de 50 Sombras de Grey, hemos tenido que escoger sólo 3 ganadoras entre todas las sensuales y tentadoras propuestas que nos habéis enviado, para coronarla como primer premio. Y el relato ganado es… (redoble de tambor):

 

Primer premio

DOS DESCONOCIDOS EN UN VAGÓN DE METROpor Curiosona.

¡Enhorabuena por tu historia! Te llevas a casa una tarjeta regalo de Diversual por valor de 100€ que vamos a enviarte a tu mail. Esperamos que tus próximas compras en nuestra tienda erótica online te sirvan como fuente de inspiración para futuras fantasías (literarias o de dormitorio…).

Como os decíamos tenemos también un segundo y tercer premio, que recibirán una tarjeta de 50€ y 30€ respectivamente por esas fantásticas historias que nos han mandado. Y los ganadores son:

Segundo premio

“ÁNGELES Y DEMONIOS” por Báalder

Tercero premio

“INCUBBUS” por Gimena

 

¡Enhorabuena a los dos! Nos han encantado vuestras historias.

Os esperamos a todos en la próxima convocatoria. Mientras tanto… os dejamos el texto ganador para que lo disfrutéis igual que hemos hecho nosotros:

DOS DESCONOCIDOS EN UN VAGÓN DE METRO

Por Curiosona

Nuestras miradas se cruzan entre la muchedumbre. Me miras y yo te devuelvo la mirada. Crees que has sido discreto, pero me he dado cuenta de que no has dejado de mirarme desde que me subí hace tres paradas. Me sonríes y yo te sonrío. Te vas abriendo paso lentamente entre la gente hasta llegar a mi altura. Paso a paso te vas pegando a mí, haciéndote sitio en el vagón abarrotado de gente. Yo sigo fingiendo que no me doy cuenta y sigo mirando al frente, viendo tu reflejo en el cristal de la ventanilla, pero observo de reojo cómo has llegado junto a mí, pegando tu cuerpo al mío, agarrándote a la barra y colocando tu mano junto a la mía.

No has cejado en tu empeño hasta que te has colocado a mi espalda sigilosamente, como si nos conociéramos de algo, pero sólo somos dos completos desconocidos en un vagón plagado de gente en hora punta.  Estás tan cerca que casi puedo sentir tu aliento en mi cuello. Siento el calor de tu cuerpo contra el mío y no hago nada por evitar que te acerques aún más. El suave perfume de tu piel me hipnotiza.

Nuestras miradas se cruzan de nuevo, esta vez en el cristal de la ventanilla, y veo la lujuria en tus ojos. Algo empieza a crecer entre tus piernas y te arrimas cada vez más para hacerme sentirlo en mi trasero. Con el traqueteo del tren mis nalgas se frotan contra tu bulto y hace que crezca más mientras tú luchas por mantener la compostura. Te muerdes el labio inferior cuando ves en el reflejo del cristal que mis pezones empiezan a marcarse en mi blusa y haces un suave movimiento con la pelvis como si me embistieras aprovechando un movimiento brusco del tren, lo que provoca que tu miembro quede entre mis nalgas.  Estamos al final del vagón y contemplo a nuestros compañeros de viaje… una joven enfrascada en su lectura, un ejecutivo trasteando con la agenda de su móvil, un joven con los cascos a todo volumen y la mirada perdida, una mujer mayor comprobando una lista de tareas… parece que nadie nos presta atención.

Deslizo hacia atrás el brazo que pega contra la pared y poso mi mano sobre tu erección, a estas alturas bastante pronunciada. Tú te sobresaltas pero no dices nada y me dejas hacer. Comienzo a acariciar tu miembro con mis dedos por encima de la tela del pantalón, lentamente, con suavidad, haciéndote disfrutar, notando cómo sigue creciendo a pesar de que parecía que estaba ya muy grande. Contemplo tu reacción en el cristal pero tú estás viendo cómo mis pezones siguen endureciéndose por la excitación del momento. Agarro tu miembro con toda mi mano y empiezo el suave movimiento de vaivén que la tela me permite. Veo en el reflejo cómo sufres intentando contener los gemidos, y nuestras miradas se mantienen fijas la una en la otra. Siento los jadeos de tu respiración entrecortada en mi cuello y eso me excita aún más. Siento cómo mis braguitas comienzan a humedecerse y mis pezones han alcanzado su nivel máximo de dureza marcándose a través de la fina tela de la blusa. Aprietas los labios para no ser descubierto por el placer que te estoy

proporcionando. A través del pantalón siento ligeramente el calor y la humedad de tu sexo, pero sobre todo siento la dureza, porque está muy duro y no puedo dejar de acariciarlo, frotándolo de arriba a abajo, imaginando cómo será su aspecto, deleitándome con las expresiones de tu rostro cuando un escalofrío recorre tu cuerpo y me susurras al oído: “para por favor”. Mi mano se detiene pero se mantiene aún sobre tu sexo. Siento el calor que desprende tu rostro contra el mío.

Tus mejillas arden por la excitación y el calor que sientes en estos momentos y aparto mi mano de tu entrepierna para que no sufras un accidente. Sonrío satisfecha mientras cierras los ojos unos segundos y respiras profundamente intentando recuperar el control de la situación. Sé que esta noche seré fruto de tus fantasías. Cuando vuelves a abrir los ojos nuestras miradas se cruzan una vez más en el cristal de la ventanilla y veo y siento cómo hundes tu rostro en mi cabello empapándote de mi aroma. Imagino que quieres recordarme igual que yo recordaré tu dureza en mis dedos y el tacto de la tela de tu pantalón cuando me baje de este vagón de metro.

Me giro pegando mi pecho contra el tuyo, haciendo que sientas mis pezones aún duros sobre tu piel a través de la tela de tu camisa. Restregando mi entrepierna suavemente sobre la tuya mientras un gemido se escapa de tu garganta. Te miro a los ojos, quiero recordar tu rostro tal y como es, no a través del reflejo del cristal… tus ojos, tu nariz, tus labios… Mi boca está muy cerca de la tuya. Me humedezco los labios con la lengua muy lentamente mientras tú me miras la boca y tragas saliva con dificultad. “Esta es mi parada”, te digo en un susurro casi rozando tus labios con los míos. Te apartas ligeramente a un lado para dejarme salir y siento tu mirada en mi nuca mientras me alejo entre la gente. Me paro en la puerta a la espera de que el metro pare y nuestras miradas se cruzan una última vez en el día de hoy. Quién sabe lo que podrá pasar mañana, quizá vuelvas a cruzarte en mi camino, pero ya no serás tan desconocido porque he sentido el aroma de tu piel, el calor de tu respiración, la lujuria de tus ojos, la dureza de tu sexo, el deseo embriagador que emanaba todo tu cuerpo… Y es ahora, fuera de ese vagón abarrotado de gente, cuando mi respiración se acelera, cuando soy consciente por primera vez de lo mojada que estoy y de las ganas que tengo de llegar a casa para saciar mi calentura pensando en ti, mi vicioso desconocido, y en tu bulto, tu enorme bulto escondido bajo la tela.

 

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