Fases de la sexualidad según la edad, ¿coincide contigo?

Fases de la sexualidad

Las diferentes etapas de la vida van marcando la evolución de nuestra sexualidad desde un punto de vista físico y psicológico. Lo que a los 20 años puede resultarte excitante, llamativo o tentador es muy probable que a los 40 ya no te resulte tan interesante. Queramos o no, las fases de la sexualidad cambian según la edad. No hay por qué luchar contra la naturaleza. Te resultará mucho más satisfactorio conocer ese proceso evolutivo, entenderlo y disfrutarlo.

¿De qué factores dependen los cambios en nuestra forma de vivir la sexualidad?

¿Sabías que el placer es una de esas capacidades que nos acompañan a lo largo de toda la vida? Desde el nacimiento y hasta los últimos años, el ser humano es capaz de experimentar sensaciones agradables.

En opinión de Sigmund Freud, estos estímulos están en mayor o menor medida relacionados con la sexualidad. Desde algo tan básico como el bebé que succiona un pezón para amamantarse hasta el descubrimiento de la complejidad de las diferencias entre la anatomía del hombre y de la mujer, una gran parte de nuestro desarrollo psíquico y emocional está relacionado con el sexo.

Sexo edad adulta

Ahora bien, ¿qué determina la velocidad y el contenido de esos cambios? De manera resumida, las fases de la sexualidad dependen de los siguientes factores:

– La curiosidad y la necesidad de experimentar.

– Tener o no pareja estable.

– El equilibrio entre tiempo libre, cansancio, rutinas, estrés…

– La experiencia y la estabilidad emocional / afectiva.

– La facilidad / dificultad para encontrar los momentos de intimidad necesarios.

– La salud, los cambios hormonales y la merma de las capacidades físicas.

Así evolucionan las fases de la sexualidad con los años

Infancia: desde muy pequeños tomamos conciencia de nuestro cuerpo y de las diferencias anatómicas entre chicos y chicas. Somos curiosos por naturaleza y vivimos esa curiosidad sin complejos, manifestándose a veces con el voyeurismo, el exhibicionismo y la autoexploración.

Adolescencia: la sexualidad evoluciona de manera diferente en chicos y chicas. Cada uno a su manera, concibe el sexo como una parte importante de su día a día. La masturbación está mucho más presente y es una forma de liberación que sirve como paso previo a los primeros contactos sexuales con otras personas, algo que genera angustia y curiosidad a partes iguales.

Juventud: el deseo está a flor de piel y se intenta satisfacerlo a toda costa. Es un período en el que somos sexualmente más activos. Tal vez se debe a que, erróneamente, creemos que es la única etapa de la vida en la que vamos a poder disfrutar de una sexualidad así de intensa.

Edad Adulta: aumenta el interés por otras cuestiones como la estabilidad emocional. En esta etapa se busca lo seguro, lo intenso, lo profundo. Las inseguridades de la juventud y la adolescencia dan paso a una sexualidad mucho más abierta.

Madurez: la llegada de los hijos, el estrés laboral y las responsabilidades suelen provocar un descenso de la actividad sexual. También es la etapa en la que se registran más infidelidades (entre los 45 y los 55 años), como consecuencia del tedio y del aburrimiento. Hacia el final de esta etapa y con el abandono del hogar por parte de los hijos, las parejas vuelven a disfrutar de un resurgimiento de la pasión.

Tercera edad: el interés sexual se mantiene a lo largo de toda nuestra vida, pero no podemos obviar que el envejecimiento natural y la pérdida de facultades físicas dificultan las relaciones eróticas más intensas. Cuestiones como la medicación o la falta de movilidad pueden resultar un impedimento, pero la sexualidad se puede manifestar de muchas otras maneras como las caricias y los besos.

Sexo tercera edad

¿Puede no coincidir tu edad con la fase sexual en que te encuentres?

Las etapas de la vida sexual con respecto a la edad sólo son una aproximación más o menos acertada a los cambios que vamos experimentando con los años. No obstante, no debes tomarte estas fases de la sexualidad como un patrón fijo.

Tus experiencias personales, las circunstancias sociales o la educación que has recibido pueden introducir matices muy significativos en esta evolución. Es probable que tu edad no coincida exactamente con la fase sexual en la que te encuentras. Ello no quiere decir que seas un bicho raro, ni un adelantado a tu tiempo ni mucho menos que te hayas quedado estancado en un momento de tu vida.

El ritmo con el que se producen estos cambios es algo muy personal. Sólo tú estás en situación de valorar si el momento en el que te encuentras es el más adecuado. ¿Te sientes cómodo? ¿Disfrutas? ¿Eres feliz con el sexo que tienes? Siempre que respondas de manera afirmativa a estas preguntas, no hay nada de lo que preocuparse.

El verdadero problema viene cuando hay algo que te está impidiendo completar este desarrollo sexual tal como marcan estas pautas generales. En estos casos habría que averiguar cuál es el problema de fondo, abordarlo con tu pareja con la mayor naturalidad posible y, en caso de ser necesario, recurrir a la ayuda de un profesional.

Contrario a lo que se suele pensar, el sexo, el placer y la diversión erótica no son algo exclusivo de nuestra juventud. Sin embargo, a medida que crecemos, nuestra manera de relacionarnos con los demás en el plano íntimo también evoluciona. En este sentido, la sexualidad debe ser entendida desde múltiples perspectivas: la psicológica, la emocional, la social, la física, la espiritual, la ética… Todos ellos influyen en el proceso natural que supone alcanzar la madurez sexual con independencia de la etapa en la que nos encontremos.

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