El corsé, una relación amor-odio

El corsé en las películas“Agárrese fuerte y aguante la respiración”, aconsejaba la buena de Mammy a la señorita O’hara mientras apretaba las cruces traseras del ceñido corsé, causa de los quejidos de la oscarizada Vivien Leight. Pocas imágenes han representado tan fielmente la relación de amor-odio que une a la mujer con este histórico elemento de presunción y tortura, como esta escena rodada en el siglo XX pero ambientada en las costumbres del XIX.

El mundo del espectáculo ha sido uno de los grandes responsables de que el corsé no perdiera vigencia en los últimos tiempos, ayudando a resaltar las curvas más pronunciadas de las estrellas de turno; desde Sofía Loren a Madonna.

MadonnaEl corsé no conoce tiempo ni olvido. En Grecia, Roma o Egipto, lo utilizaban ya para constreñir la cintura femenina y sostener el busto en alto. Del corpiño representado en antiguas pinturas cretenses, hasta el ‘marmillare’ romano; o del ajustado encordado (tight lacing) al victoriano ‘reloj de arena’, el corsé nos ha acompañado en los momentos más íntimos.

Sería la Francia renacentista quien diera el paso definitivo hacia su difusión; no en vano debe el nombre al término galo ‘cors’, diminutivo de cuerpo. Las duras ballestas de hierro, hueso o madera que formaban parte de su armazón no eran motivo suficiente para desechar sus beneficios estéticos: con la reducción de la cintura brotaban caderas exuberantes y senos que retaban al mismo Newton.
Catalina de Medici, consorte de Enrique II, declaró su uso obligatorio: le molestaba la cintura ancha de algunas cortesanas. La monarquía, en su necesidad de abanderar la estética, decidió adoptar el corsé como símbolo de belleza y distinción. Reinas, y reyes lo usaban para realzar su figura mientras eran inmortalizados en algún lienzo de la época.

El corséNo es de extrañar que el propio Napoleón prohibiera una prenda que llegó a definir como: “El asesino de la raza humana”. Tal vez sería injusto decir que el corsé influyó en el proceso revolucionario francés pero, no cabe duda de que los nuevos burgueses pudieran reconocer en él un símbolo del encorsetamiento absolutista.
Ni la Revolución Francesa, pudo con él. La mujer, liberada del yugo monárquico, sucumbió de nuevo ante la servidumbre del espejo. El corsé, sobrevivió también a los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad.
No fue hasta comienzos del siglo XX cuando las nuevas propuestas del modista Poiret y su rival, Coco Chanel consiguieron desterrarlo de la imaginería femenina. La aparición del “brasiere”, en 1907, firmó su aparente defunción: se acababa el sufrimiento a manos de suave y confortable lencería.
Falsa ilusión. En los 40, el corsé volvería a renacer de sus cenizas gracias a Dior y a su frágil “cintura avispa”. Esta vez, adaptado a los nuevos gustos y tecnologías.
Su evidente contribución a la exaltación de los atributos femeninos lo ha encumbrado entre los productos de lencería más provocadores y atractivos del mercado actual. De ahí que la distribución y venta haya traspasado las puertas de tiendas especializadas para entrar en nuestras casas a través de múltiples ofertas on line; propuestas que incluyen una amplia gama de modelos dirigidos al mundo de las novias, al glamur de las fiestas o a la más absoluta intimidad. Se ofrecen, además, corsés underbust (por debajo del busto), góticos, burlesques, o tipo bustiers.

Nuevos soportes han simplificado su manufactura: aliviando la incomodidad de las clásicas ballenas de metal; ofertando telas menos agresivas como el satín o el terciopelo; o dando elasticidad a los materiales para evitar los tortuosos ajustes.

Aunque la máxima: “Si quieres lucir prepárate para sufrir” parece mantener su vigencia, Vivien Leight podría hoy respirar un poco más tranquila.

Corsé en diversual

En diversual tenemos una amplia colección de lencería de todo tipo en la que no nos faltan los corsés.

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