Crossdressing: la seducción se viste de mujer

Crossdressing

¿Alguna vez has sentido la tentación de cambiar tus boxer por unas braguitas de mujer? ¿Te gustaría maquillarte como una chica y experimentar qué se siente al llevar unos taconazos de infarto? Este interés se convierte en algo más intenso cuando se trata de crossdressing, una práctica en la que los chicos no sólo disfrutan contemplando la ropa femenina bonita, sino que se sienten bien vistiéndola.

Una buena escenificación, un buen ambiente y, por supuesto, la elección del vestuario adecuado, son elementos esenciales a la hora de diseñar una velada erótica de mucha categoría. Tener todos estos detalles bien atados ayuda mucho a la hora de mostrar una mayor predisposición a pasártelo bien.

Pero, aparte de eso y, entrando ya en matices, hay otros muchos factores a tener en cuenta cuando se quiere cumplir una fantasía con todo lujo de detalles. La búsqueda del erotismo, la excitación y placer es, en esencia, la consecución de todos esos instintos que en ocasiones se disfrazan con otra identidad, como sucede con el crossdressing.

Crossdressing: ni travestismo ni parafilia

Algunas prácticas eróticas se mueven en el terreno farragoso de todos aquellos gustos que no encuentran una verdadera clasificación. Cada individuo entiende la sexualidad de un modo muy particular y, cuando esa concepción no entra dentro de lo corriente, lo habitual o lo común, aparecen todos esos prejuicios que acaban convirtiendo la diversión erótica en una frustración.

Perfil del crossdresserHistóricamente, la sociedad se ha encargado de establecer fronteras absurdas que impiden que las personas vivan con libertad sus gustos sexuales. El corssdressing es una de esas tendencias estigmatizadas, mal entendidas y mal clasificadas.

Aunque es cierto que implica un cambio de imagen, de vestuario y de género, crossdressing no es estrictamente sinónimo de travestismo. Éste es el concepto que de manera inmediata identificamos con el hombre que se viste de mujer y que indirectamente (aunque sea erróneo) también nos lleva a pensar en plumas y colorido, como si el travestismo fuera una suerte de puesta en escena irreal.

Mientras que en este sentido existe una clara voluntad de expresarse dentro de un género diferente a aquél en el que se ha nacido, el concepto de crossdressing habla de otra cosa. No es una obsesión, no es una parafilia y no es un intento por cambiar de identidad ni de orientación sexual. Es una forma de expresión.

El perfil habitual del crossdresser

Aunque sea simplificar mucho la cuestión, podemos concluir en que el travestismo es una práctica que casi siempre se interpreta desde una perspectiva masculina y, en algunos casos, desde el plano de la homosexualidad. Obviando todos los errores de definición que se comenten al mezclar la orientación sexual con la identidad de género, hay algo que sí que nos resulta útil en esta perspectiva a la hora de abordar el universo crossdressing: es eminentemente masculino.

Esa dualidad entre lo masculino y lo femenino que todos llevamos dentro se manifiesta especialmente en aquellos hombres que se sienten bien con este cambio de vestuario que les hace verse como a una mujer. Es una manera de vivir su parte femenina no sólo por dentro sino también por fuera.

Por este motivo, no debe sorprendernos el hecho de que el perfil habitual del crossdresser sea el de un hombre maduro, generalmente casado y con familia que, en determinadas circunstancias (generalmente en la intimidad), se siente cómodo empleando maquillaje, peluca y prendas de vestuario femenino. En este sentido, es muy importante establecer una clara línea divisoria entre los hombres que realmente se sienten mujeres y aquellos otros (los crossdressers) a los que sencillamente les gusta vestirse como ellas.

Sexismo y rechazo en el universo crossdressing

Modas y prejuicios han limitado mucho la manifestación de este peculiar tránsito entre géneros. A nadie le resulta sorprendente que una chica salga a la calle vestida con los vaqueros rotos de su novio o con una camiseta a cuadros de tipo leñador. Es moda, es cool pero, por encima de eso, es una estética que ha sido socialmente aceptada.

No sucede así en el caso contrario. Un hombre que decide vestirse de mujer, ponerse una falda o subirse a unos tacones, es un bicho raro. Y si además esa estética acaba teniendo un componente de excitación sexual, poco menos que esta expresión del género se transforma en pura depravación.

Los crossdressers no lo han tSexismo en el crossdressingenido (ni lo tienen) nada fácil para disfrutar abiertamente de estos gustos tan personales. Aunque es una práctica que en muchos casos queda restringida a la intimidad del propio hogar, incluso en estas circunstancias es habitual que, tras desvestirse y desmaquillarse, salga a relucir el sentimiento de culpabilidad. No resulta sencillo explicar que existen importantes matices entre aquello que sientes y aquello que deseas, y es por eso que en muchas ocasiones los hombres que practican crossdressing ocultan esta necesidad de feminizar su imagen masculina.

Otros, en cambio, lo viven con más naturalidad e incluso han logrado que sus parejas (mujeres u hombres) acepten esta práctica como algo perfectamente natural. Con todo, no suele ser lo más habitual: sigue siendo más llamativo ver a un chico con tacones que a una chica con el pelo rapado.

 

Son numerosos los colectivos que desde hace tiempo han saltado a la palestra reclamando que el crossdressing salga de la clandestinidad. Hombres que buscan una manera de que sus gustos no se vean limitados por las imposiciones sociales y que están dispuestos a ofrecer su experiencia y su apoyo a otros hombres y también a sus parejas. En un ambiente en el que los estereotipos y la distinción de roles ha obligado a convertir ciertos deseos en algo secreto y tabú, no resulta nada sencillo ni para los hombres ni para las mujeres aceptar que existen innumerables maneras de entender la sexualidad, el género y el erotismo.

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