El autoconocimiento sexual y la búsqueda de placer

Autoconocimiento sexual

La entrada del tempo de Apolo en Delfos estaba presidida por una inscripción reveladora: “Conócete a ti mismo”. Este aforismo griego es la máxima del crecimiento personal. Un desarrollo que también se refleja en el concepto que tenemos de nuestra propia sexualidad y en cómo experimentamos el placer. A través del autoconocimiento sexual puedes ampliar la diversión, establecer tus límites y, en definitiva, disfrutar del sexo con plenitud.

Un mapa del placer que deberías conocer al detalle

¿A qué nos referimos cuando hablamos de autoconocimiento sexual? En esencia, se trata de una parte del aprendizaje que en ocasiones tenemos un poco desatendida. Ya desde la más tierna infancia los seres humanos estamos descubriendo aspectos sorprendentes de nuestro cuerpo. Sus formas, su textura, su sabor… Al principio todo resulta novedoso y fascinante pero conforme nos vamos haciendo mayores adoptamos la postura poco acertada del que se piensa que ya lo tiene todo aprendido.

Pero el cuerpo y la mente no son dos entidades separadas y el desarrollo emocional y psicológico también tiene mucho que ver con los cambios que se van produciendo en nuestra anatomía. Al hablar de autoconocimiento sexual nos referimos a la necesidad de estar al corriente de esas transformaciones, de saber cómo responde nuestro cuerpo frente a diferentes estímulos y, en definitiva, de sentirnos bien tal como somos.

En la sociedad actual el tema del autoconocimiento a nivel sexual ha supuesto también un cambio importante en el empoderamiento de la mujer y en una reconciliación con el sexo libre de prejuicios. Y es que una mujer que conoce al detalle su cuerpo, sus rincones de placer, las características de su vulva o las reacciones ante determinadas maneras de acariciar, besar o masajear su anatomía, es una mujer preparada para la plenitud de sexo más allá del sesgo impuesto por los prejuicios sociales, las imposiciones estéticas o la falsa moral.

Tanto hombres como mujeres merecen conocer todas estas particularidades de su cuerpo y sólo hay una manera de descubrirlas: explorándolo a conciencia. La observación, la curiosidad por las formas y texturas que adopta tu anatomía más íntima y la masturbación en solitario son algunas de las técnicas que deberás emplear para poner en práctica el autoconocimiento sexual. Una experiencia muy íntima que sólo te pertenece a ti, pero en la que se encuentra la clave del placer compartido.

Felicidad y autoconocimiento

¿En qué nos beneficia conocernos mejor sexualmente?

El deseo sexual siempre está presente. Puede que se manifieste con mayor o menor intensidad en función del momento de la vida en el que estés, de la salud de tus relaciones sociales y de pareja o de tu nivel de estrés en el día a día. Lo que está claro es que es algo inherente a la naturaleza humana y no puedes ni debes olvidarte de su presencia.

Si en ocasiones ya resulta complicado lidiar con los pensamientos y las emociones, más difícil aún es tomar las riendas de estos impulsos tan instintivos que no suelen tener una explicación racional. La excitación no siempre es un estado consciente y seguro que en más de una ocasión te has sorprendido de cómo tu cuerpo de repente se pone a mil frente al estímulo más insospechado.

El autoconocimiento sexual no está para censurar esos impulsos tan naturales, sino para que aprendas a manejarlos de la manera más conveniente. A través del descubrimiento de tu cuerpo puedes ir diseñando ese mapa del placer del que hablábamos anteriormente e identificar con mayor facilidad cuáles son esas sensaciones que hacen que se te erice la piel y dónde te gustaría experimentarlas. Es esa herramienta con la que puedes sentir el poder y la confianza que te da saber que tú tienes el control.

Sorprende pensar que más de la mitad de las mujeres no sabe cómo funciona su anatomía desde una perspectiva sexual, cuáles son las fases de la respuesta erótica del cuerpo o cómo son verdaderamente los genitales, por fuera y por dentro. Esta desinformación y falta de autoconocimiento les impide llegar a orgasmos más intensos, evolucionar, crecer, liberarse y, en definitiva, alcanzar la plenitud.

Y es que los beneficios de conocer y entender el cuerpo desde una perspectiva erótica no sólo repercuten en el placer. También lo hacen en muchos otros aspectos de tu vida y de tus relaciones. Es una herramienta terapéutica con un gran potencial que hará que te sientas mucho más cerca de la felicidad.

– Conecta tus deseos más profundos con la realidad en la que vives. No hay imposibles. Tu cuerpo está hecho para el placer. Sólo tienes que encontrar la palanca que pone en funcionamiento los engranajes de la erótica.

– El aprendizaje individual es una experiencia poderosa. Con ella descubres emociones y sentimientos que no sabías que estaban presentes en ti.

– El autoconocimiento sexual es una experiencia liberadora. A través de ella te deshaces de la carga de los tabúes y prejuicios para afrontar nuevos retos sin ninguna vergüenza.

– Al fin te entregas a un mundo de experimentación en el que el cuerpo y la mente están en perfecta conexión. La sexualidad está llena de vida.

– La vergüenza, el pudor o el sentimiento de culpa pierden su razón de ser cuando entiendes lo hermoso de la naturalidad de tu cuerpo y su gran capacidad para hacer que sientas placer.

– Tomas el control del placer y la excitación. Cuando conoces al detalle cada centímetro de tu cuerpo, no hay estímulo que esté fuera de tu alcance.

– Tu curiosidad es contagiosa. Eso mismo que has experimentado a través del autodescubrimiento sexual desearías que lo experimentaran los demás. ¿Sentirán ellos el mismo placer que tú en esos lugares recónditos de su anatomía?

Beneficios del autoconocimiento sexual

El placer empieza en ti: aprende a mejorar el autoconocimiento sexual

Hay muchas técnicas para alcanzar este nivel de conocimiento tan íntimo y personal. La más sencilla de todas es la del espejo. ¿Cuántos minutos de tu vida has dedicado a contemplar tu desnudez frente a un espejo? Seguro que muchos menos de los que deberías. Y es que una cosa es hacerlo para comprobar qué tal están funcionando las clases de pilates, asegurarte de que no necesitas una depilación urgente o deleitarte en tu maravilloso bronceado y otra cosa es observar allí donde nunca antes habías reparado.

La contemplación de la zona genital es una experiencia reveladora para la mayoría de las mujeres. “¿Realmente eso ha estado siempre ahí?” “¿Y esto por qué tiene esta forma?” “¡Qué color más curioso tiene la piel de esta zona!”. Seguro que estás más al tanto de lo que pasa en el último reality de televisión que de lo que sucede por ahí abajo.

El primer paso del autoconocimiento sexual es que lo veas y que lo hagas con ojos de auténtica exploradora, prestando atención a todos los detalles. El segundo paso es atravesar el espejo para ir a descubrir lo que hay más allá.

Es aquí donde entran en juego las técnicas masturbatorias, los accesorios sexuales y los estímulos tanto físicos como mentales. La excitación está repleta de aspectos tangibles e intangibles capaces de meterse en tu interior, en esa parte de tu anatomía que apenas acabas de empezar a explorar en solitario. Tómate tu tiempo, en la conquista del placer hay muchos territorios por recorrer antes de llegar al tesoro final.

Y por supuesto, no olvides que en esta aventura de estímulos y sensaciones los juguetes sexuales te resultarán de gran utilidad. Allí donde tus manos, tus dedos o tu lengua ya no funcionan con toda la rapidez o precisión que desearías, un succionador de clítoris, un vibrador para el Punto G o unas pinzas para los pezones harán que se abran muchas otras puertas.

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza, sólo que en ocasiones nos vence la pereza. Esa falta de tiempo para uno mismo es la que en ocasiones nos hace desentendernos de algo tan fundamental como conocer nuestro propio cuerpo y aprender a mimarlo, estimularlo y excitarlo de la manera adecuada. A través del autoconocimiento sexual entenderás mejor el porqué de tus necesidades, anhelos y fantasías y contarás con lo más importante a la hora de obtener placer: la plena seguridad de que tu cuerpo puede proporcionártelo.

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